El teatro anterior a 1939 | Tendencias, autores y obras principales – Selectividad 2020

Uno de los temas de Literatura, junto al de la Generación del 98 o el de la Generación del 27 que es posible que salga en las pruebas de selectividad, es el relacionado con el teatro que se realizó en España en el periodo previo al final de la Guerra Civil. Veamos entonces todo ahora […]

Uno de los temas de Literatura, junto al de la Generación del 98 o el de la Generación del 27 que es posible que salga en las pruebas de selectividad, es el relacionado con el teatro que se realizó en España en el periodo previo al final de la Guerra Civil. Veamos entonces todo ahora sobre El teatro anterior a 1939 | Tendencias, autores y obras principales – Selectividad 2020.

En el periodo de finales del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX y hasta 1936, es cuando podemos ubicar el teatro anterior a 1939. Un periodo en el que el si bien el teatro estaba marcado por los gustos del público burgués, ya que era quien mayoritariamente acudía a ver teatro, poco a poco fue cambiando hacia una serie de obras mucha más críticas acordes a la situación social de la época.

El teatro anterior a 1939 | Tendencias, autores y obras principales – Selectividad 2020

La crisis política, económica y social en España a comienzos del Siglo XX dio pie a una innovación en la literatura Española, pero en cambio el teatro estaba anclado en el pasado, con un marcado acondicionamiento social marcado por el gusto de la burguesía, dando como resultado un teatro pobre en contenido.

La comedia Benaventina

A comienzos del Siglo XX, el teatro español estaba marcado por la influencia de la llamada «comedia benaventina», gracias a las obras de Jacinto Benavente, que tras el fracaso de El Nido Ajeno, obra en la que criticaba las costumbres de la época, elige escribir obras que fueran más acordes al gusto superficial de la época. Entre las obras más populares del autor tenemos La malquerida y Los intereses creados.

La comedia costumbrista

De manera paralela a la obra de Benavente, se desarrolla también una comedia costumbrista caracterizada por los sainetes, que eran composiciones humorísticas a partir de temas populares.

Entre los autores destacados de este tipo de teatro, destacó Carlos Arniches, autor de El Santo de la Isidra, una obra en la que reflejaba a algunos de los personajes más castizos del Madrid de finales del Siglo XIX.

El propio Arniches desarrolló además en este periodo, la llamada «tragedia grotesca» en el que introduce un ligero aspecto crítico sobre la sociedad de la época, retratando personajes que eran caricaturizados pero también eran bastante trágicos. Entre las obras más populares para este tipo de teatro destaca La Señorita de Trevélez.

También entre las obras de la época que se acogieron a esa modalidad de comedia costumbrista podemos encontrar Malvaloca, de los hermanos Quintero, en la que se que describe los tópicos de Andalucía o La venganza de don Mendo de Pedro Muñoz Seca, en la que el autor  impulsa la astracanada, que era una mezcla de género chico y vodevil.

Teatro poético

Escrito en verso, el teatro poético fue también un estilo de teatro que destacó a comienzos del Siglo XX y en concreto estaba muy influenciado por el Modernismo, del que recogía las mismas
características ornamentales así como cierto tono conservador.

Entre los autores que destacaron dentro de este tipo de teatro podemos encontrar a los hermanos Antonio y Manuel Machado, con La Lola se va a los puertos o Eduardo Marquina con En Flandes se ha puesto el sol.

La influencia de la Generación del 98

Otro de los aspectos a tener en cuenta sobre el teatro anterior a 1939 es la influencia marcada por la Generación del 98 con las obras de Miguel de Unamuno, Fedra, Jacinto Grau con El señor de Pigmalión o Azorín con Lo Invisible. 

Entre estos destacó además la figura de Valle-Inclán quien supuso una fuerza renovadora dentro del teatro de la época gracias a la originalidad que había en sus obras gracias a temáticas y a una estética distinta a los de sus contemporáneos.

En el inicio de su obra, Valle-Inclán se encontraba dentro de la corriente modernista, aunque esta ya estuviera en decadencia. A su vez, el autor da inicio al periodo de las Comedias Bárbaras, marcadas por personajes que tienen instintos muy fuertes y que se enmarcan en un escenario en el que los personajes y las situaciones no dejan de sucederse. El periodo culminó con la obra Divinas palabras, en el que Valle-Inclán trata temas como la avaricia y la lujuria.

De manera simultánea Valle-Inclán es autor de las farsas, obras en las que utiliza lo grotesco y la caricatura para ridiculizar a los personajes.

En 1920, Valle-Inclán desarrollaría el género del esperpento, que se basa en la deformación
de personajes y valores, algo que le sirve para denunciar algunas de los problemas de la sociedad. En este género, los personajes se caracterizan por ser bastante grotescos, muy parecidos a marionetas, utilizando los contrastes (entre lo cómico y lo trágico), así como una gran riqueza del lenguaje, tal y como encontramos en obras como Martes de Carnaval y Luces de
Bohemia, que está considerada su obra maestra, marcada por una aguda crítica hacia la España de la época.

La influencia de la Generación del 27

La Generación del 27 tuvo también un papel importante en el teatro desarrollado en la época anterior a 1939, con obras que acercaban el teatro al pueblo, y la formación de compañías teatrales como «La Barraca” con las que se pretendía acercar el teatro al público más llano.

Entre los autores más importantes tenemos a Alejandro Casona con su obra La dama de Alba en la que mezcla fantasía y realidad, así como Max Aub.

El autor más destacado fue sin embargo Federico García Lorca, gracias a su teatro poético en el que que predominaba un tema dominante sobre el enfrentamiento entre el individuo y la autoridad, además de darle prioridad a las protagonistas femeninas.

Dentro del teatro de Lorca encontramos además varios estilos, como las farsas (centrado en obras sobre matrimonios de interés), el teatro surrealista, el teatro lírico y sobre todo, los dramas rurales en los que destaca la trilogía rural: Bodas de Sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba, tres obras ambientadas en el campo andaluz, las cuáles coincidían además en tener un desenlace trágico y de nuevo, la figura de la mujer como protagonista.

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