Escrito por Tendenzias

Tempestades de acero


Autor: Günther Prien. Prólogo de Gustavo Morales
Editorial de esta portada: Ediciones Nueva República. Colección Tempestades de Acero / 2
Fecha de publicación: 2006
Precio de esta edición:

 Descripcion:12 páginas interiores con fotografías. Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo. En la imagen del recuerdo del héroe está su sonrisa en una cara barbada enmarcada por su gorra arrugada de marino, el chaquetón de cuero y el Toro Bravo como enseña del U-47, el submarino que rapó las barbas navales del poderío británico menos de mes y medio después de iniciada la guerra. Imagen agradable para muchos. Quizás la hazaña burlona de este submarinista animó los años que el almirante Doenitz pasó en las cárceles aliadas hasta 1956. Hitler perdió la guerra pero Doenitz escogió al hombre que escarneció a la Royal Navy en Scapa-Flow: el korvettenkapitän Prien. La escena. En una de esas latas de sardinas claustrofóbicas, impulsada por motores eléctricos, que había que emerger para cargar y navegar en superficie con los diesel, cuyos torpedos admitía hasta el Almirantazgo alemán que fallaban, con oficiales de derrota que no podían determinar la posición exacta si estaba muy nublado, con toda la tripulación en un religioso silencio con la vista siempre arriba, el capitán Prien ordena cargar los tubos para volver a disparar contra el imponente acorazado británico “Royal-Oak”. El submarino U-47 gira 180 grados en la superficie de la inexpugnable base central de la Armada inglesa para lanzar una segunda salva de torpedos porque los primeros eran defectuosos y un tubo lanzador no dispara. Tres alcanzan el objetivo a la una y media de la madrugada. Se hunde el acorazado con su tripulación, con el contralmirante Biagrove y con el mito de la invulnerabilidad de la base británica. El submarino se escabulle burlando a los destructores. No ha existido precisión alemana, ha sido coraje. Era capitán de submarino y fumaba, también burló al cáncer de pulmón, tenía nervios de acero demostrados. Doenitz tenía a Prien y éste a la tripulación del U-47: “Verdaderamente, con estos muchachos no hay nada imposible

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