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Informacion del Autor: Jesus Mosterin
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Jesús MosterÃÂn es un filósofo español cuyas aportaciones abarcan un amplio espectro del pensamiento contemporáneo. Sus reflexiones se sitúan con frecuencia en la frontera entre ciencia y filosofÃÂa y tienen la racionalidad como hilo conductor.
Jesús MosterÃÂn nació en Bilbao en 1941. Estudió en España, Alemania y Estados Unidos. Obtuvo la cátedra de Lógica y FilosofÃÂa de la Ciencia en la Universidad de Barcelona. Desde 1996 es Profesor de Investigación del Instituto de FilosofÃÂa del CSIC. Es miembro del Center for Philosophy of Science de Pittsburgh, miembro de la Academia Europaea de Londres, del Institut International de Philosophie de ParÃÂs y de la International Academy of Philosophy of Science. Introdujo en España la filosofÃÂa analÃÂtica, corriente de pensamiento del siglo XX caracterizada por el estudio del lenguaje con la pretensión de resolver los problemas filosóficos mediante el análisis de los términos que intervienen en su formulación y de eliminar las ambigüedades en la ciencia y la filosofÃÂa. También ha tenido un papel esencial en la introducción y desarrollo de la lógica matemática y la filosofÃÂa de la ciencia en España y América Latina. Además de sus actividades académicas, ha desempeñado funciones editoriales en varios paÃÂses, sobre todo en los grupos Salvat y Hachette. También se ha involucrado en la protección de la naturaleza y la defensa de los animales.
MosterÃÂn adquirió su formación lógica inicial en el Institut für mathematische Logik und Grundlagenforschung de la Universidad de Münster. Escribió los primeros libros literarias de texto modernos y rigurosos de lógica y teorÃÂa de conjuntos en español. Ha trabajado en temas de lógica de primer y de segundo orden, de teorÃÂa axiomática de conjuntos, de computabilidad y complejidad. Ha mostrado que la digitalización uniforme de cada tipo de objeto simbólico puede ser considerada como la implementación de cierto sistema posicional de numeración. Este resultado proporciona un sentido preciso a la noción de que el conjunto de los números naturales constituye una biblioteca universal e incluso una base de datos universal. MosterÃÂn ha efectuado la primera edición de las libros completas de Kurt Gödel en cualquier lengua. Junto con Thomas Bonk, ha editado una libro inédita de Rudolf Carnap sobre axiomática. También se ha ocupado de los aspectos históricos y biográficos del desarrollo de la lógica moderna, como muestra su original libro sobre las vidas de Gottlob Frege, Georg Cantor, Bertrand Russell, John von Neumann, Kurt Gödel y Alan Turing, entrelazadas con el análisis formal de sus principales contribuciones técnicas.
Karl Popper trató de establecer un criterio de demarcación entre ciencia y metafÃÂsica, pero el giro especulativo de una parte de la fÃÂsica teórica ha vuelto a embrollar la situación. MosterÃÂn ha planteado de nuevo la cuestión de la fiabilidad que puedan tener las teorÃÂas cientÃÂficas y las hipótesis y pretensiones de los investigadores. Ha establecido la distinción entre el núcleo estándar de una disciplina cientÃÂfica, que en un momento dado deberÃÂa incluir solo las ideas fiables y empÃÂricamente contrastadas, y la nube de hipótesis especulativas que lo rodean. Una parte del progreso teórico consistirÃÂa en la incorporación de nuevas hipótesis recién contrastadas al núcleo estándar. En este contexto, ha analizado nociones epistémicas como las de observación y detección. La observación, pero no la detección, está siempre acompañada de consciencia. La detección está mediada por instrumentos tecnológicos, cosa que solo a veces ocurre en la observación, como en el caso de la visión con gafas. Las señales recibidas por los detectores han de ser transducidas en tipos de energÃÂa directamente accesibles a nuestros sentidos. Siguiendo la senda abierta por Patrick Suppes, MosterÃÂn ha prestado atención a la estructura de los conceptos métricos, por su indispensable papel mediador en la interfaz entre teorÃÂa y observación, donde la fiabilidad se pone a prueba. También ha hecho contribuciones al estudio de la modelización matemática y de los lÃÂmites del método axiomático en la caracterización de las estructuras de la realidad. Ha subrayado la complejidad del mundo real, frente al que con frecuencia no nos queda otro camino cognitivo que el de la ciencia teórica o matematizada, consistente en elegir una estructura matemática similar en algún aspecto formal relevante a la porción de la realidad que nos interese y utilizarla como una máquina conceptual para computar y dar respuestas a las preguntas que nos hacemos sobre esa parcela del mundo real. Finalmente, hay que indicar que MosterÃÂn y Roberto Torretti han desarrollado una notable colaboración, que ha desembocado en su creadorÃÂa conjunta de una singular libro de referencia, el Diccionario de Lógica y FilosofÃÂa de la Ciencia.
Además de participar activamente en las discusiones actuales sobre teorÃÂa evolutiva y genética, MosterÃÂn también ha planteado cuestiones como la definición de la vida misma o la ontologÃÂa de los organismos y las especies. Siguiendo los pasos de Aristóteles y Schrödinger, se pregunta: ¿qué es la vida? Analiza y rechaza por insuficientes las definiciones propuestas, basadas en el metabolismo, la reproducción, la termodinámica, la complejidad y la evolución. Es cierto que todos los seres vivos de la Tierra comparten muchas caracterÃÂsticas, desde el código genético hasta el almacenamiento de la energÃÂa en forma de moléculas de ATP, pero estos rasgos comunes meramente reflejan la herencia recibida de un ancestro común que quizá las obtuvo al azar. Desde este punto de vista, nuestra biologÃÂa es la ciencia parroquial de la vida en la Tierra más bien que la ciencia universal de la vida en general. Tal biologÃÂa universal no será factible hasta que no seamos capaces de detectar y estudiar formas alternativas de vida en otros rincones de la galaxia, si es que existen. Respecto a la tesis ontológica de Michael Ghiselin y David Hull sobre la individualidad de las especies biológicas, MosterÃÂn señala que no son ni clases ni individuos en el significado habitual de estas palabras, y trata de ampliar y precisar el marco conceptual en el que se plantea el problema. En particular, muestra la equivalencia formal del enfoque conjuntista y el mereológico, de tal modo que cualquier tesis sobre las clases de organismos puede ser traducida en otra tesis equivalente sobre las especies como individuos, y a la inversa.
Kant distinguió la razón teórica de la práctica. El teórico de la racionalidad Jesús MosterÃÂn establece una distinción paralela entre la racionalidad teórica y la práctica, aunque, según él, la razón y la racionalidad no son lo mismo: la razón serÃÂa una facultad psicológica, mientras que la racionalidad es una estrategia de optimización. Los seres humanos no son racionales por definición, aunque puedan pensar y comportarse racionalmente o no, según que apliquen o no, de modo explÃÂcito o implÃÂcito, la estrategia de la racionalidad teórica y práctica a las pensamientos que aceptan y las acciones que realizan. La racionalidad teórica es la estrategia para maximizar el alcance y la veracidad de nuestras ideas sobre la realidad. Los criterios de aceptación racional son distintos en el caso de los enunciados analÃÂticos o formales, dominados por la lógica, la matemática y la gramática, que en el de los sintéticos, cuya piedra de toque es la observación y el experimento. El componente formal de la racionalidad teórica se reduce en último término a la consistencia lógica; el componente material se reduce al apoyo empÃÂrico, que hace uso de nuestros mecanismos congénitos de detención e interpretación de señales. MosterÃÂn distingue entre la creencia involuntaria e implÃÂcita, por un lado, y la aceptación voluntaria y explÃÂcita, por otro. Es a esta última a la que más propiamente se aplica la teorÃÂa de la racionalidad teórica. La racionalidad práctica es la estrategia para vivir lo mejor posible, alcanzando nuestras metas y satisfaciendo nuestras preferencias en la mayor medida posible. El componente formal de la racionalidad práctica se reduce en lo esencial a la teorÃÂa bayesiana de la decisión; el componente material está enraizado en la naturaleza humana, y asÃÂ, en último término, en nuestro genoma. La racionalidad práctica requiere la ordenación de los fines y de los medios en función del conocimiento relevante previo. Por eso, la racionalidad práctica presupone la teórica, pero no a la inversa. En cualquier caso, toda evidencia racional debe considerarse como provisional y revisable.
El interés de MosterÃÂn por la naturaleza silvestre lo llevó ya tempranamente a colaborar con el famoso naturalista y documentalista Félix RodrÃÂguez de la Fuente en un esfuerzo por extender primero en España y luego en el mundo entero el conocimiento y el aprecio de la naturaleza viva y en especial de los animales salvajes, que culminó en la publicación de la enciclopedia Fauna. Opuesto a la tradición de los espectáculos de la crueldad, MosterÃÂn ha tomado repetidamente posición pública en contra de las corridas de toros y el maltrato animal. Como presidente honorario del Proyecto Gran Simio en España, ha colaborado con Peter Singer en la promoción de derechos legales para los homÃÂnidos no humanos. MosterÃÂn no acepta la existencia de derechos naturales, intrÃÂnsecos o metafÃÂsicos, pero piensa que una sociedad polÃÂticamente organizada puede crear los derechos que considere oportunos a través de la acción legislativa del Parlamento, y que a veces conviene hacerlo a fin de evitar sufrimientos y desgracias innecesarias. Siguiendo a Hume y a Darwin, y tomando en cuenta los resultados de Rizzolatti sobre las neuronas espejo, MosterÃÂn considera que nuestra capacidad congénita para la compasión, reforzada por el contacto, el conocimiento y la empatÃÂa, constituyen una base más sólida para el respeto moral de los animales no-humanos que la mera y abstracta apelación a derechos intrÃÂnsecos inverificables.
La moderna democracia liberal es un compromiso entre los ideales de la libertad y la democracia. MosterÃÂn subraya sus diferencias: la libertad se reduce a hacer lo que yo quiero; la democracia, a hacer lo que quieren los demás. Rechazando como confusa la noción metafÃÂsica de libre albedrÃÂo, centra su atención en la libertad polÃÂtica, es decir, la ausencia de coerción o interferencia de otros en mis propias decisiones personales. Debido a las tendencias a la violencia y la agresividad que a veces acechan en la naturaleza humana, la vida social pacÃÂfica y fecunda, asàcomo la preservación del medio ambiente y la naturaleza silvestre, requieren ciertas limitaciones a la libertad individual, pero cuanto menores sean tales limitaciones, tanto mejor. En especial, no hay razón alguna para recortar las libertades individuales, como la libertad de lengua, de religión, de costumbres o de viajes, en nombre de alguna entidad estadÃÂstica hipostasiada, como la nación, la iglesia o el partido. Desde este punto de vista, Internet es un modelo mucho más atractivo que los obsoletos estados nacionales o los movimientos nacionalistas. MosterÃÂn piensa que el estado nación es incompatible con el pleno desarrollo de la libertad, cuyo florecimiento requiere la reorganización del sistema polÃÂtico mundial en un sentido cosmopolita. En concreto, sugiere un mundo sin estados nacionales, organizado territorialmente en pequeños cantones autónomos pero no soberanos, sin ejército y sin poder para frenar la libre circulación de personas, ideas y mercancÃÂas, complementado por el establecimiento de fuertes organizaciones mundiales, empezando por un sistema global de justicia que vele por los derechos humanos en el mundo entero.
En el siglo XXI ha tenido lugar un renacimiento de la idea de naturaleza humana en creadores como Edward O. Wilson, Steven Pinker y Jesús MosterÃÂn. El desciframiento de la secuencia completa del genoma humano y la investigación en marcha sobre las funciones de los genes y de las secuencias reguladoras, junto con los avances en la exploración del cerebro, han arrojado nueva luz y significación sobre esta clásica noción, que de nuevo ocupa el centro de la reflexión antropológica. Según MosterÃÂn, la naturaleza de una especie está inscrita en su genoma; la naturaleza del Homo sapiens, en su acervo genético; y la naturaleza individual mÃÂa, en los cromosomas de mis propias células. La naturaleza humana tiene una estructura estratificada y recapitula la historia evolutiva del linaje humano. Los estratos más hondos y antiguos representan las funciones vitales comunes a todos los seres vivos de nuestro planeta. Capas subsiguientes reflejan novedades posteriores. Los estratos más nuevos están dedicados a las adquisiciones más recientes de nuestro linaje, como el bipedismo, la pinza de precisión de la mano, el córtex cerebral grande y el lenguaje y otros procesos cognitivos recursivos o abstractos. MosterÃÂn se ha ocupado de los métodos y criterios para distinguir entre los aspectos naturales y culturales de las capacidades y conductas observadas; también ha analizado y precisado los fundamentos teóricos de la antropologÃÂa. Armado con este utillaje conceptual, ha intervenido en la discusión y clarificación de cuestiones bioéticas controvertidas, como la investigación con células madre embrionarias, el control de la natalidad, el aborto y la eutanasia, adoptando siempre el punto de vista cientÃÂfico y tomando partido a favor de la libertad humana.
Basándose en los avances en la compresión del fenómeno cultural aportados por la antropologÃÂa cultural, la arqueologÃÂa y la biologÃÂa, MosterÃÂn ha desarrollado una rigurosa filosofÃÂa de la cultura que se plantea directamente preguntas clave como qué es la cultura, dónde está y cómo evoluciona en el tiempo. Tanto la naturaleza humana como la cultura humana son información, pero se diferencian por la manera como se transmiten: mientras la información natural se transmite genéticamente y está codificada en el genoma, la información cultural se transmite por aprendizaje social y está codificada en el cerebro. Solo los individuos tienen cerebro y por tanto solo ellos poseen cultura. La alusión a culturas colectivas ha de ser entendida como un artefacto estadÃÂstico que nos permite hablar a la vez sobre una pluralidad de culturas individuales. El conjunto de los trozos elementales de cultura, codificados en los circuitos neurales de la memoria a largo plazo del individuo, constituye la cultura de ese individuo en un momento dado. La noción de cultura colectiva se emplea de modos distintos en los diversos contextos del lenguaje cotidiano y del cientÃÂfico. Correspondiendo a esos diversos usos, MosterÃÂn define varios conceptos precisos de cultura colectiva, que van desde el acervo cultural hasta la cultura unánime. En 2009, MosterÃÂn completó un análisis minucioso de las fuerzas que determinan el cambio cultural, prestando especial atención a la reciente aceleración de ese cambio por influencia de Internet y otros factores de la tecnologÃÂa de la información. Califica a Internet del reino de la libertad y considera que la preservación de la libertad y la eficiencia de la red es esencial para el futuro progreso de la cultura humana.
Admirador de la frescura y claridad de la Historia de la FilosofÃÂa Occidental, de Bertrand Russell, cuyo prólogo compuso, y crÃÂtico de algunos de sus defectos, MosterÃÂn ha emprendido el ambicioso plan de escribir una historia universal del pensamiento, no solo del occidental, sino también del asiático e incluso del arcaico. Su serie de libros literarias sobre la Historia del pensamiento trata de cubrir las principales tradiciones intelectuales desde un enfoque interdisciplinario que presenta simultáneamente los desarrollos contemporáneos en la filosofÃÂa, la ciencia y la ideologÃÂa, siempre dentro de su contexto social pero sin intentar reducirlos a él. El análisis de las ideas es crÃÂtico y sin tapujos, pero claro y riguroso. Además, el creador se preocupa por la corrección lógica de los argumentos ofrecidos y no vacila en exponer sus fallos.
Algunos de los libros literarias más conocidos de la serie están dedicados, por ejemplo, a Aristóteles, a los judÃÂos, y a la filosofÃÂa de la India. Aristóteles es presentado no solo como filósofo, sino también como cientÃÂfico seminal y fundador de varias disciplinas, insistiendo sobre todo en sus estudios sobre el lenguaje y en su interés por los animales. Los mitos judÃÂos son tratados sin miramientos, pero el creador muestra una transparente simpatÃÂa por los grandes pensadores judÃÂos, como Maimónides, Spinoza y Einstein. El volumen sobre la India, además de cubrir la lingüÃÂstica y la matemática, contiene una presentación compacta de las principales escuelas filosóficas, desde las Upanishad, pasando por los desarrollos jainas y budistas, hasta el Advaita Vedanta de Shankara, que obviamente atrae al creador. El volumen sobre los cristianos es el más amplio de la serie. Jesús es presentado como un tÃÂpico judÃÂo. La mayor parte de las ideas cristianas originales proceden de Pablo de Tarso, no de Jesús. Tras la conversión de Constantino, las discusiones teológicas sobre temas tales como la SantÃÂsima Trinidad con frecuencia fueron zanjadas por la fuerza. En este volumen se analizan tanto las contribuciones intelectuales de los principales pensadores cristianos, como AgustÃÂn de Hipona, Tomás de Aquino y Lutero, como los grandes procesos históricos, tales como las cruzadas, las universidades, la Reforma y la Contrarreforma. Se dedica menos atención a los dos últimos siglos, pues MosterÃÂn piensa que en este periodo el cristianismo se ha desacoplado completamente del pensamiento vivo cientÃÂfico y filosófico, por lo que las ideas cristianas han perdido toda vigencia y relevancia.
Libros publicados: Jesus Mosterin
A continuacion te ofrecemos una breve seleccion de las obras de Jesus Mosterin




LA CULTURA DE LA LIBERTAD
LA NATURALEZA HUMANA
LO MEJOR POSIBLE: RACIONALIDAD Y ACCION HUMANA


