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-     Escrito por juan

El Cascanueces y el rey de los ratones, un clásico navideño universal

Dentro de la literatura existen grandes obras que han dejado huella en la historia y han conseguido abrirse un hueco en la imaginería popular navideña universal. Ya os hablamos hace poco de Cuento de Navidad de Charles Dikens como una de estas obras privilegiadas, pero además del escritor británico, otros muchos autores se han acercado a la literatura con temas navideños creando obras inolvidables. Una de ellas es sin duda El Cascanueces del alemán Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.

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Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822). El nombre originario de este autor era Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann, tal y como aparece en la imagen del libro, pero lo cambió para emular al famoso compositor Wolfgang Amadeus Mozart.
Creció en una familia pudiente, gracias a la cual pudo estudiar derecho y comenzar una carrera administrativa. Supo combinar su oficio como jurista y consejero en la administración con su faceta artística, la cual desarrolló tanto como pudo. Entre sus creaciones, el autor cuenta con pinturas, dibujos caricaturizados, composiciones musicales y, cómo no, obras importantes del Romanticismo alemán. Aunque también realizó trabajos de cantante, arquitecto, director de orquesta, e incluso trabajó en teatro.
Parece lógico llegar a la conclusión de que todas estas experiencias convirtiesen al autor en uno de los grandes, versado en muchos aspectos y aclamado por su prolífica vida artística.

Un clásico navideño: El Cascanueces y el Rey de los ratones, de E.T. Amadeus Hoffmann

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Esta obra navideña del siglo XIX, se publicó en el año 1816. Esta historia nos introduce en un estado de ensimismamiento fantástico y emotivo, que comienza en el día de Nochebuena. La ternura propia de los niños desencadena esta maravillosa historia navideña, época del año en la que la ilusión por descubrir los regalos bajo el árbol empapa las casas de cada hogar.

Y es que así comienza este relato, cuando dos hermanos descubren impacientes un fantástico árbol de Navidad iluminado con cientos de velitas y cargado de juguetes y golosinas. Un astuto zorro rojo y un batallón de húsares con espadas y caballos de plata captan la atención del niño, mientras que su hermana queda prendada de un humilde y pequeño cascanueces medio escondido en el árbol. A partir de aquí, la niña vivirá emocionantes aventuras en las que el cascanueces tomará vida y deberá liderar a los húsares en su enfrentamiento al rey de los ratones.

En la imaginación desbordante de cada niño está el sueño de rodearse de golosinas, de vivir en un mundo donde cada figurita que se le antojara estuviera hecha a base de dulces y pudiera ser probada por los feroces dientes de su feliz ensoñación.

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Marie, la pequeña de los hermanos y descubridora del Cascanueces, hace realidad ese sueño, adentrándose con él en el Reino de los Caramelos, un lugar idílico donde todos son dulces, bailes, canciones y alegría. En su obra, Ernst Theodor Amadeus Hoffmann es capaz de transmitir ese deseo de niños y mayores a través de descripciones suaves y embriagadoras, como la encarnación del bosque tras el que se esconde el júbilo del Reino.
Como decía, intensas aventuras le aguardan a Marie, quien deberá liderar la grandiosa batalla entre los seguidores del Rey de los ratones y los húsares con espadas que encontró su hermano bajo el árbol.
Humor e imaginación combinados con una pizca de terror logran crear un mundo fantástico casi inigualable que ha cautivado a grandes y pequeños durante años, convirtiendo la obra en uno de los grandes clásicos de la literatura fantástica y navideña de todos los tiempos.

Adaptaciones de el clásico navideño El Cascanueces

La obra sería adaptada varias veces, primero al francés por Alejandro Dumas, luego se convertiría en una de las más famosas composiciones de Tchaikovsky y finalmente llegaría al ballet gracias a una coreografía de Lev Ivanov.

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Actualmente en muchos países se representa la obra en ballet en el mes de Diciembre casi como una ceremonia obligatoria para celebrar la Navidad, pues dentro del baile clásico, esta obra se conoce como el ejemplo indiscutible de hablar por medio de la danza.
El ballet, cuyo sentido no es otro que el de transmitir una confluencia de emociones a través de los movimientos gráciles del cuerpo, toma esta historia de Navidad tierna e intensa para crear una experiencia impresionante, por la cual conoceremos la ilusión de los pequeños protagonistas, la conexión de Marie con su querido Cascanueces y la valentía de librar batallas a pesar de las circunstancias. El amor, la amistad, el valor y la justicia son las claves de la obra de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann, y la adaptación al ballet (que Lev Ivanov coreografió gracias a la composición musical de Tchaikovsky), el complemento perfecto para revivir esta original e imaginativa historia cada Nochebuena y cada Navidad.

La vida de E. T. A. Hoffmann, escritor del clásico navideño El cascanueces

Hoffmann nació en Prusia Oriental, lo que ahora conocemos como Kaliningrado, en Rusia. Su familia era de origen humilde, teniendo raíces polacas y húngaras. Durante su infancia vivió con su madre y la familia de esta, que tenían tendencias pietistas. Su madre era una mujer enferma con brotes neuróticos, mientras que su tío era un hombre muy dominante, con un humor difícil y no demasiado amigable al que el autor pondría el apodo de “Díos mío”. Esta familia, algo complicada, se cerraba con las otras dos hermanas de su madre.

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Aunque desde pequeño sintió la llamada del arte y se interesó por la música y la pintura, siendo un buen alumno avanzado de ambas, continuó la tradición familiar y estudió Derecho tal y como mandaba la historia de su familia. Aunque, después, comenzó una carrera administrativa por la que tuvo que trasladarse a Berlín. Más adelante, en 1800, fue nombrado auditor y tuvo que irse a vivir a Posen, dónde trabajó en el tribunal de Varsovia.  Fue allí dónde descubrió su deseo de volver a sus raíces artísticas y fundó una orquesta, a la vez que se dedicaba a hacer caricaturas que no gustaban demasiado a las altas esferas. En 1806 tuvo que regresar a Berlín por la invasión napoleónica, y sufrió fiebre tifoideas que le hicieron rozar la muerte.

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En 1814 se publicó su Fantasiestüche y comenzó de manera más seria su profesión como escritor. Un año más tarde publicó la novela más gris de su carrera: Los elixires del diablo. Papeles póstumos del hermano Medardo, un capuchino. Con esta obra firma su éxito y también una vida llena de problemas de salud, debido a sus excesos que le acarrearon alcoholismo y sífilis.

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Debido a sus enfermedades, se sumió en una etapa de demencia aunque nunca dejó de escribir. Incluso en sus últimos años de vida que, atacado por una grave parálisis. se vio obligado a dictarle sus últimas obras a su mujer.

Finalmente, muere el 25 de junio de 1822.

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